Deber social

Por un momento tuve miedo de estornudar y que me lincharan.
O me envolvieran en una bolsa de consorcio, me tiraran a un costado y me separaran del resto de la manada que intentaba sufragar un domingo de lluvia.

Había escuchado que se recomendaba una distancia social de 1 metro (porque postergar las elecciones, igual que las clases, jamás) me reí. No quise creerlo.

Incrédula de mí, llegué y estaban todos separados como si la lepra fuera una derivación de esta gripe novedosa, se hermanara al ébola y se contagiara con la mirada. Al barbijo creo que nos acostumbramos todos, aunque sea por la pantalla (‘la pantalla’ qué termino más apropiado para las circunstancias de esta “epidemia”). Pero ver a tanta gente, sin hablar entre sí, sin mirarse, separándose del otro en gestos que rozaban el asco, tapándose las caras, mirando al piso para que nadie equívocamente confundiera la coincidencia visual con la invitación a una charla que podría costarles -según dicen las no-ticias- la vida, la paranoia a un metro, eso, no lo había visto nunca.

Y me asusté. Me asusta este contagio de miedo (qué ironía).

Me asusta la velocidad con la que sin pólvora se hace volar por el aire al sentido común general. Suponiendo que tal cosa exista y no esté siempre sujeto al pánico y la “sabiduría” masiva que amablemente nos es traducida por los noticieros, porque somos tan pero tan tontos, que ni siquiera podemos ya sacar nuestras propias conclusiones.

Nos doy miedo, casi lástima.

Porque más allá de los argumentos de uno y otro lado (¿hay dos lados?) la desconfianza es más fuerte. No puedo evitar desconfiar de todo esto cuando día por medio me parece estar viviendo adentro de un libro de Orwell. No puedo dejar de pensar que el laboratorio que estaba a punto de quebrar, es el que ahora nos va a salvar la vida. Y cuando escucho a grupos de chicos, militantes, jóvenes y no tanto, espero que cuestionen lo establecido, que hagan preguntas, vean un poco más allá. Pero no. En cambio escucho como convierten lo que no pasa en una crítica parabólica al gobierno denunciando fervientemente que gracias a su inoperancia nos morimos (?) de enfermedades curables.

Quiero gritar, pero cada vez menos gente sale a la calle, y las opiniones se ven de 20 a 21 por su canal habitual. Ahorre tiempo, no opine.

Y la gente empieza a recordar cifras de muertes de acá y allá, engordadas con los de un poco más allá, y retocadas por un par de quizás, recuerda lugares, protocolos y se olvidan del teléfono del vecino, del nombre del ministro de economía, de los accidentes de tránsito (eso es morir por algo evitable), del hambre y así, hasta olvidarse de casi todo. Menos, que hay que separarse un metro, y lavarse las manos con alcohol en gel, comprar barbijos muchos, muchos. No hablar con nadie, no respirar el aire putrefacto del común de la gente como uno y no tanto, porque mmmm…mirá como estornuda….mmmm.

Supongo que falta tiempo, solamente, para saber qué pasa en realidad. Quizás esta sea de las animaladas más grandes que haya escrito y esté absolutamente equivocada en lo que pienso. No lo sé. Pero tengo miedo, tengo miedo de tener mocos, de estornudar un día en un colectivo y no poder volver a mi casa. No sin antes haber abonado los casi 300 mangos que dirán si mi gripe es A, B, C o ABC1, antes de que me enchufen medicamentos que gracias a dios (?) provee el estado.

Tengo miedo de despertarme un día y darme cuenta que preguntarse pasó de moda y la moda es lo único que importa, que las enfermedades son el último grito financiero, que las guerras son más sucias y menos eficientes, que el poder y el dinero mueven al mundo y ya encontraron todas las maneras de funcionar prolijamente, con irónica asepsia. Tengo miedo de despertarme un día y que hayan encontrado por fin la manera de encerrarnos voluntariamente a todos, aislarnos, hacernos fanáticos de los datos inútiles, tengo miedo de un día, cuando vuelva de hacer de cuenta que voto, escuchar que ganó un lugar en un organismo de gobierno un total pero súper mediático desconocido, apellidado, por ejemplo, de Narváez. Tengo miedo de prender la tele y escuchar solo números, ningún nombre, mucho menos una idea, tengo miedo de que el rating, la superchería y la felicidad sean lo mismo. Y que un partido político re Progresista, pero sin ideas, ni proyectos, ni valores más que taponar baches y bocas, gane representatividad en al capital de mi país. O que el tipo al que se le inundó una cuidad entera sea el más votado. Tengo meido de que la justicia ya no valga, solo cueste, y sean muy pocos los que pueden pagarla. Tengo miedo de que los asesinos y los estafadores sean el ejemplo pícaro de una manga de pelotudos que te hace sentir en falta por creer en algo que no sea una marca comercial. Tengo miedo de que todos vociferen y exijan derechos y se olviden de las obligaciones, se sienten a esperar que Papá Noel les regale una vida justa. Tengo miedo de Coca Cola. Tengo miedo de que aprenderse una publicidad de memoria sea más oportuno que aprender a votar. Tengo miedo de que se tejan alianzas políticas tan volátiles como la moda y solo nos quede elegir al que canta mejor. Tengo miedo de que un animador forme opinión entre una cantidad cada vez más grande de hombres con zapatos grandes y narices rojas. Tengo miedo de que la amnesia se coma a la gente y quedemos todos convertidos en números anatómicamente correctos, sin más memoria que la suficiente para redactar, como mucho, una lista de supermercado, buscando rellenarnos con plástico, pastillas, diversión, sucesos, dictados. Que las ideas se vendan en caja pero ya nadie las use, y que el mundo sea un lugar tan pero tan in-mundo, que termine siendo mejor morirse envuelto en un celofán antes de correr algún riesgo que nos contaron, ya nadie sabe quién.
Tengo miedo de que no importe.

11 ¿ah, si?:

Etienne dijo...

Es cierto que el miedo en estas circunstancias encuentra terreno fértil para arraigarse.
Pero lo que más miedo me da es que terminamos creyendo lo que nos venden, ciegos de masificación y contagiados por la psicosis general. Y no hay corajudo que aguante un panorama en que la gente cree que su amigo es el enemigo mortal del cual debe defenderse.
No hay que aflojar. Importar importa, solamente que nos damos cuenta más tarde. Al término de la ceguera, nos damos cuenta que no era para llegar a tanto.
Besos!

Artus dijo...

Ah!, Lunita; esos miedos los compartimos varios. Pero no sé a ciencia cierta, si nos dejará de importar.
Sí vos tenés miedo de q' nos deje de importar, ya por hacerte la pregunta, es q' importa. Sólo será cuestión de recordarlo a cada momento y hablarlo, no callar. Todavía habrá esperanzas. Seremos pocos, tal vez, pero podemos hacernos escuchar e ir reconociéndonos.

En referencia a la nueva gripe, lo q' falta es información, educación; además la des-información o la paranoia inducida por noticias erróneas(??), es útil a intereses varios - cosa q' ya sabrás -. Si sigo escribiendo me pondré denso, pero pasará, con bajas, pero pasará; no hemos de perder la cabeza y se deberá "filtrar" lo leído, escuchado y visto.

Nada más Lúa. No pierdas el rumbo.
Besos, sin barbijo :)

CATTO dijo...

Están todos locos, Luna!!

Ayer viajé como 2 horas a donde tenía que ir a votar y no podía creer la cantidad de gente de barbijo que me cruzé a lo largo de todo el camino.

Por suerte cuento con la mejor vacuna contra estas nuevas gripes (de la A a la Z): no tengo tele.

Besos!

Eugenia.- dijo...

Jaja, lo ironico (notese, 'ironico' y no irnocio :P Jajaja) es que siempre me entero de estas cosas por leerlas en blogs. vivo en mi mundo.
Mundo inmundo, groso juego de palabras.

Que mundo inmundo habitamos
que asocia la moda con la cruda verdad (Estoy muy musical, lalala)

CATTO dijo...

Ah! por cierto...

Que flashero que es el menú de "---tiquetas"

Voy a ver como te lo copio.

;)

Bárbara dijo...

La gente que me rodea me dice que estoy loca por creer que nada de todo esto es tan grave como lo hacen parecer... habría que encontrar un punto medio (qué fácil lo q propongo no??) porque las NO - TICIAS (como bien dijiste) me tienen harta!!
muy bueno lo q escribiste!

Pandemia dijo...

Querida! Saliste de tu casa y volviste espantada!

Justamente hoy en el trabajo, un compañero me dijo: "Mauro, veo que tenés tos, tené cuidado y tapate la boca, vos viste cómo están las cosas"

Me acordé este post mientras le contestaba: "ahhhhhh bueno bueno, lissssto"

Grave error, no tuvo que decirme eso, me dió la solución a todos mis problemas.... ahora estoy todo el día tosiendo a propósito para mantener a este individuo alejado.


Aunque estuvieras enferma, iría sin barbijo a felicirte personalmente por el post (?)
jaja, saludos Lu

Pandemia dijo...

*felicitarte, dije. Claramente ¬¬

Albertina dijo...

Yo también le tengo miedo a la Coca Cola. Cuando la tomo pienso que tanto gas va a explotarme en el estómago. Y ese tipo de muertes es asquerosa para el que te encuentra.
Respecto a lo demás, siempre me pregunto por qué en la mayoría de los casos estoy del lado de los perdedores?

Barrabasada dijo...

Que identificado me senti Luna querida.
Realmente, patetico, clarin asi como si nada, matando mas gente que la que se muere.

Manga de forros.
Asi vamos a terminar como honduras en dos meses (cobos se babea).

Besos.

http://www.youtube.com/watch?v=D-37zVMr0Oo&eurl=http%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Falbum.php%3Faid%3D120554%26id%3D603971102&feature=player_embedded

Capusotto, escucvhalo habla de esto, y de todo.
como siempre, satisfecho con mi visita.

Jackeline dijo...

Hola
Excelente tu blog, muy bueno, te felicito. Te animo seguir adelante.
Me encantaría contar con tu blog en un directorio que poseo.
Si lo deseas no dudes en escribirme a jackiesj0801@hotmail.com
Te deseo mucho éxito con tu blog.
Un saludo y un beso
Jackie


cosas como esta las hace la LUNA, pobrecita dice que lo hace porque le gusta. (¿sufrir dirá ud.?)OH, el diseño, el diseño!